Emociones a salvo

Tengo fibromialgia y lo que mejor entiendo de esa condición es que duele y mucho, que el dolor es producido por estímulos físicos pero también emotivos, el estrés, la ira, la tristeza así como la alegría pueden aumentar mis niveles de dolor.

En una oportunidad una doctora me dijo que lo que yo tenía que hacer para evitar crisis era no sentir. Para un artista no sentir es algo similar a mutilarle un miembro y por tanto me costó digerir aquello, entender si tal cosa era posible.

Resulta que una de las definiciones de sentir es reconocerse y eso fue lo que yo decidí, contrario a la recomendación de aquella doctora yo decidí sentir, reconocerme. Comencé a sentir lo que sentía, es decir, a reconocer lo que iba sintiendo y como consecuencia de ello se generó un cambio, así como algo cambia cuando uno aplica determinada acción, hace dieta – adelgaza, hace pesas – desarrolla músculos, come mucho – engorda, se ríe mucho ¡se arruga!

Yo comencé a sentir distinto. Las emociones son como los pensamientos, inevitables, el truco está en qué hacemos con lo uno y lo otro. No puedo decirle a mis pensamientos que no vengan a mi mente, pero si puedo redirigirlos o no alimentarlos una vez que se presentan, en lugar de ponerme a darle vueltas y vueltas a todo lo que viene a mi cabeza, sobre todo si se trata de esos pensamientos que hacen daño.

Las emociones también son algo inevitable y lo que aprendí a hacer con ellas fue no a controlarlas sino, por el contrario, dejarlas estar, sentirlas plena y conscientemente, sin darles muchas vueltas, sin apoyarme en las razones de esas emociones, sólo sentirlas y a partir de allí liberarlas, ¿de qué forma? ¡sintiendo! ¿A que parece muy fácil? Pues no, no lo es. Yo empecé a plasmar mis emociones, de esa forma las iba reconociendo a medida que las sentía, en papel, en foto, en textos, así como cuando estábamos pequeños y nos pedían dibujar una carita feliz o una triste, no nos estaban pidiendo más que plasmar una emoción, sólo que luego crecimos y aquello que era un acto puro, sano, directo, comenzó a parecernos infantil y lo dejamos atrás. Pensemos por un momento en cuando éramos niños, el enfado, la tristeza, la alegría, iban y venían, llorábamos, nos reíamos, hacíamos una pataleta, ¡y dibujábamos! Ahora pensemos en el miedo, el de la oscuridad, el de los monstruos, ese miedo que no sabíamos explicar y nos bloqueaba, ese miedo era la emoción que más prevalecía, ¿por qué? Porque no sabíamos cómo soltarla, cómo plasmarla, sin embargo en los niños los dibujos comienzan a hablar del miedo, y a medida que van creciendo los van reconociendo y esos miedos van desapareciendo. Sin más. Entonces se trata de algo similar, sentir para cuidar nuestras emociones, ¡no hacen falta las pataletas!, pero si hay ira se siente y se libera, como se libera la alegría, sin juzgarla, sin quedarnos en el por qué, sólo gestionando las emociones, orientándolas para mantenerlas a salvo, para no hacer daño a nadie, empezando por uno mismo.

 

Dibujos de Estefanía Castro Franco (4 años)

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