Han llegado las fiestas decembrinas, se avecina el fin de otro año y a unos nos da por querer hacer de todo, quedar con los amigos que no hemos podido ver hace un tiempo, acabar ese proyecto que llevamos postergando desde marzo, probar el diseño gráfico por primera con el fin de hacer nosotros mismos nuestras tarjetas de felicitaciones, a la par pretendemos asistir a todo lo que nos inviten, cenas, paseos, ferias, seguir las tradiciones, felicitar de modo personalizado a cada amigo, colega, familiar, ¡y todo en menos de un mes, sin que se nos escape nada ni nadie!. Estamos tan motivados que organizamos eventos, reuniones en casa, decoramos, probamos nuevas recetas, compramos regalos, y no cualquier decoración, ni cualquier receta, mucho menos nos conformamos con la primera opción de regalo que encontremos, que va, somos detallistas, aplicados, comprometidos y, a pesar del estrés, del cansancio que nos suponga o nos vaya a suponer cada faena, apenas comenzando, estamos dispuestos a demostrar que podemos.

Quien me lee ya debe estar con sus propias listas o aterrorizado con tan solo pensar en los seres osados que hacen tanto en tan escaso tiempo.

Como añadido estamos dispuestos a capturarlo todo de modo estupendo, con el móvil, para mostrarlo instantáneamente o guardar la imagen para la posteridad, queremos eternizar cada ‘aquí y ahora’, mostrar nuestras creaciones, las peripecias, los detalles, cada parte de cada evento, ¡incluyendo hacernos con los consabidos selfies, solos o acompañados!.

Y a mi me da por pensar en fotografía.

Un adjetivo frecuentemente utilizado para hacer referencia a la fotografía es y ha sido el de instantánea. Sugiere una imagen que se obtiene después de un tiempo corto de exposición, en el que la cámara imprime o graba la foto. El fotógrafo, desde sus inicios, fue conocido como el que capturaba un momento, un instante. Como podemos inferir, una instantánea no ocurre un momento antes ni otro después de esa captura, es el resultado de un ‘aquí y ahora’ de otro aquí y otro ahora, nada más allá que el reflejo de que el fotógrafo estuvo presente, en el momento justo, junto a la conciencia de esa captura. Hoy en día los selfies, que no se hacen esperar, son los protagonistas de nuestros ‘aquí y ahora’.

Si nos da por querer hacerlo todo, y como yo muchas veces, añadir la fotografía, regalémonos el disfrutar de cada instante, inclusive de aquel tiempo en el que nada de lo planificado pudimos hacer. Capturemos instantes no sólo por mostrar, por guardar, sino vivamos lo que la instantánea está retratando. Y si se trata de un selfie, ¡disfrutemos de aquel momento o esa persona con quien nos fotografiamos!.

Hay quienes dicen que la felicidad son instantes, yo pienso que hay instantes que nos hacen estar conscientes de nuestra felicidad.

Las fiestas, ¡en una instantánea!
Foto de Maritza Tortolero y Maritza Camposano

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